La resiliencia y una historia japonesa

Por Alberto Panizo el 25 agosto, 2016 en Artículos, Blog
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instituto-craneosacral-panizo-tratamientoUna historia
“Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.
El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi.
El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza.
Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.
Llevemos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos y que, a veces, lastimamos o nos lastiman.
¡Cuán importante resulta el enmendar!
Cuánto, también, el entender que los vínculos lastimados y nuestro corazón maltrecho, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes. La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud…
La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia —la capacidad de recuperarse— son dignas de llevarse en alto”.

Resiliencia y craneosacral

La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido. Se puede describir como la capacidad de recuperarse de la adversidad, de la crisis. Es una palabra que viene de la física y que describe la propiedad de la materia de retornar a su forma o posición original después de deformarse. Es una cualidad de elasticidad, tonicidad, flexibilidad, motilidad.

Las personas más resilientes, como ha demostrado la neurociencia,  tiene mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés y soportan mejor la presión. Podríamos decir que es una cualidad de fuerza interior,  y una habilidad para soportar dificultades.

La resiliencia es el convencimiento que tiene un individuo o equipo en superar los obstáculos de manera exitosa sin pensar en la derrota a pesar de que los resultados estén en contra, al final surge un comportamiento ejemplar a destacar en situaciones de incertidumbre con resultados altamente positivos.(E. Machacon 2011, «Aspectos vividos», nov.-dic. 2010)

Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, a prolongadas enfermedades temporales, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a las pobrezas extremas.

Se habla de niños con una enorme capacidad de resiliencia al maltrato, en contraposición con aquellos que posteriormente presentan enormes problemas de adaptación a diversas actividades de su vida (escuela, establecimiento de relaciones sociales consistentes, entorno familiar, etc.), pudiendo manifestar retraimiento excesivo o una gran agresividad, que en cualquier caso les lleva a ser muy vulnerables ante los demás y a proyectar sus sentimientos de rabia contra objetos o personas.

Podría decirse que la resiliencia es la entereza más allá de la resistencia. Es la capacidad de sobreponerse a un estímulo adverso. El ser resiliente no es ser extraordinario: esta capacidad está en toda persona. La tarea es desarrollar esta capacidad con actitud y firmeza y va a depender de los recursos que tengamos y desarrollemos.

En una situación que es conflictiva debemos preguntarnos lo siguiente:

  • Tenemos recursos disponibles en ese momento.

  • Podemos activar y movilizar esos recursos.

  • Como terapeutas tenemos que ayudar a que el cliente se haga consciente de los recursos que tiene y como movilizarlos. Y mi experiencia en consulta es que todos tenemos recursos, aunque no los utilicemos.

Veinticuatro fortalezas que hace referencia a un caracter resilente

  • Curiosidad, interés por el mundo.

    Tener interés por lo que sucede en el mundo, encontrar temas fascinantes, explorar y descubrir nuevas cosas.

  • Amor por el conocimiento y el aprendizaje

    Llegar a dominar nuevas materias y conocimientos, tendencia continua a adquirir nuevos aprendizajes.

  • Juicio, pensamiento crítico, mentalidad abierta.

    Pensar sobre las cosas y examinar todos sus significados y matices. No sacar conclusiones al azar, sino tras evaluar cada posibilidad. Estar dispuesto a cambiar las propias ideas en base a la evidencia.

  • Ingenio, originalidad, inteligencia práctica.

    Pensar en nuevos y productivos caminos y formas de hacer las cosas.

  • Ser capaz de dar consejos sabios y adecuados a los demás, encontrando caminos no sólo para comprender el mundo sino para ayudar a comprenderlo a los demás.

  • Valentía.

    No dejarse intimidar ante la amenaza, el cambio, la dificultad o el dolor. Ser capaz de actuar según las propias convicciones aunque eso suponga ser criticado.

  • Perseverancia y diligencia.

    Terminar lo que uno empieza. Persistir en una actividad aunque existan obstáculos. Obtener satisfacción por las tareas emprendidas y que consiguen finalizarse con éxito.

  • Integridad, honestidad, autenticidad.

    Ir siempre con la verdad por delante, no ser pretencioso y asumir la responsabilidad de los propios sentimientos y acciones emprendidas.

  • Vitalidad y pasión por las cosas.

    Afrontar la vida con entusiasmo y energía. Hacer las cosas con convicción y dando todo de uno mismo. Vivir la vida como una apasionante aventura, sintiéndose vivo y activo.

  • Amor, apego, capacidad de amar y ser amado.

    Tener importantes y valiosas relaciones con otras personas, en particular con aquellas en las que el afecto y el cuidado son mutuos. Sentirse cerca y apegado a otras personas.

  • Simpatía, amabilidad, generosidad.

    Hacer favores y buenas acciones para los demás, ayudar y cuidar a otras personas.

  • Inteligencia emocional, personal y social.

    Tener empatía. Ser consciente de las emociones y sentimientos tanto de uno mismo como de los demás, saber como comportarse en las diferentes situaciones sociales, saber que cosas son importantes para otras personas.

  • Ciudadanía, civismo, lealtad, trabajo en equipo.

    Trabajar bien dentro de un equipo o grupo de personas, ser fiel al grupo y sentirse parte de él.

  • Sentido de la justicia, equidad.

    Tratar a todas las personas como iguales en consonancia con las nociones de equidad y justicia. Dar a todo el mundo las mismas oportunidades.

  • Animar al grupo del que uno es miembro para hacer cosas, así como reforzar las relaciones entre las personas de dicho grupo. Organizar actividades grupales y llevarlas a buen término.

  • Capacidad de perdonar, misericordia.

    Capacidad de perdonar a aquellas personas que han actuado mal, dándoles una segunda oportunidad, no siendo vengativo ni rencoroso.

  • Modestia, humildad.

    Dejar que sean los demás los que hablen de uno mismo, no buscar ser el centro de atención y no creerse más especial que los demás.

  • Prudencia, discreción, cautela.

    Ser cauteloso a la hora de tomar decisiones, no asumiendo riesgos innecesarios ni diciendo o haciendo nada de lo que después uno se pueda arrepentir.

  • Auto-control, auto-regulación.

    Tener capacidad para regular los propios sentimientos y acciones. Tener disciplina y control sobre los impulsos y emociones.

  • Apreciación de la belleza y la excelencia, capacidad de asombro.

    Saber apreciar la belleza de las cosas, del día a día, o interesarse por aspectos de la vida como la naturaleza, el arte, la ciencia…

  • Ser consciente y agradecer las cosas buenas que a uno le pasan. Saber dar las gracias.

  • Esperanza, optimismo, proyección hacia el futuro.

    Esperar lo mejor para el futuro y trabajar para conseguirlo. Creer que un buen futuro es algo que está en nuestras manos conseguir.

  • Sentido del humor.

    Disfrutar de la risa y las bromas, sonreír con frecuencia, ver el lado positivo de la vida.

  • Espiritualidad, fe, sentido religioso.

    Pensar que existe un propósito o un significado universal en las cosas que ocurren en el mundo y en la propia existencia. Creer que existe algo superior que da forma a nuestra conducta y nos protege.

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